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Un tipo jartisimo!

Me encontré en un momento de introspección, ensimismado y haciendo un análisis de mi vida, y sorprendido con el paso de los años, veo como han cambiado las prioridades personales, ya no me preocupa la rumba, ahora mis preocupaciones son muy diferentes. En el pasado nunca me habría distraído de mis intenciones etílico rumberas de los fines de semana, pero ahora paso sábados y domingos entre las cobijas o de paseo familiar. Ya los guayabos son un vago recuerdo, ya no consumo cantidades astronómicas de líquidos y pastillas para el dolor de cabeza.

En cuanto al trago he cambiado de preferencias, el aguardiente ha pasado al destierro del bar, mientras entran nuevas bebidas exclusivas y elegantes, de procedencia extranjera y con un precio mayor, -¡porque el aguardiente me hace un daño!-, y prefiero tomar poco trago por temor al guayabo, porque a estas alturas ya pega más duro. Y más tarde de la una ya me siento trasnochado.

Las canciones que alguna vez sentía como propias, y novedosas hoy se encuentra entre las clásicas de la radio y han pasado a los anaqueles de la historia. Ahora no entiendo las letras y tonadas de lo que hoy llaman regeeton, y me pregunto ahora en ¿dónde quedaron las letras y mensajes de la música de antes?.

Ya no uso el pelo largo, por el contrario voy sagradamente a la peluquería, me peino todas las mañanas y cuido de mi apariencia personal. Claro sin llegar a ser lo que hoy denominan metro sexual, término actual al que no me acostumbro y mucho menos entiendo. Pues para mí eso no es más que un pendejo con mucha plata, que pasa horas en un salón de belleza rodeado por mujeres desocupadas y por otros iguales a él tratando de no verse tan marica y comprando cuanto plan estético le ofrecen.

Me visto decentemente, ya no me pongo los calzones rotos, término que conocí durante mi adolescencia que se refiere a los pantalones, al contrario hago recolecta de ropa vieja en mi armario para salir de lo viejo y desgastado. Ahora uso corbata, vestidos de paño ingles, y zapatos de cuero, quedaron en el pasado los tenis, los jeans y las camisetas de algodón-poliéster, con dibujos de calaveras y mensajes sociales de inconformidad.

Ya no soy un rebelde insatisfecho con la sociedad y con el mundo, por el contrario hoy entiendo algo de política, y me doy cuenta rápidamente que en general seguimos igual de jodidos, que lo único que ha cambiado es el nombre de los que hoy gobiernan el país, pero que la cosa sigue igual.

Ahora escribo y entiendo palabras rebuscadas, y me interesa más la lectura que irme a un centro comercial a meterme entre el tumulto de compradores compulsivos o pasar horas esperando turno en frente de un restaurante de moda. Ahora hablo con gran retorica y elocuencia frente a los presentes de una reunión, comentando los problemas y de la actualidad, fundamentados en pensamientos propios y ajenos de importantes periodistas.

Con mis amigos de adolescencias, hablo de dolencias, inclusive de medicamentos y tratamientos médicos. Nos recomendamos doctores para cada caso y hasta nos acompañamos porque hace rato que no visito al doctor, ya es hora de hacerse un chequeo además que la enfermera esta queridísima, aunque ya muy jovencita para mí.

Como letra de canción de fonda paisa, hablo del pasado con tristeza, del tiempo ya pasado, como si hubiese pasado hace años, y si me pongo a contarlos me doy cuenta que así ha sido.

Ya no uso billetera de colores, ahora es de las grandes para llevar la chequera, las múltiples tarjetas de crédito y las fotos de la familia.

No salgo a la calle sin saco o chaqueta porque me mata el frio y el resfrío, y recomiendo entrar al baño antes de salir para no tener que parar en el camino. – ¡Entren al baño antes de salir que por allá les pueden dar ganas, y que tal que no haya baño!-.

Me interesan las películas de cine arte, ahora la ficción y acción ya no son mis géneros preferidos, las balas y los muñecos gringos ya no hacen parte de mi interés, por el contrario me parecen aburridísimos.

Mi comida es balanceada y sana, bajita de sal y de dulce, sin grasa, ya no como en la calle y cuido de lo que me pueda hacer daño, ya las hamburguesas y los perros calientes me caen mal. Y las consecuencias pueden ser peligrosas.

Los programas que me gustaban ya no los dan por televisión y si hablo de ellos ya casi nadie me entiende.

Solo me queda como conclusión que me he vuelto un tipo jartisimo.

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Francisco Buitrago.
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